Continua del anterior:
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el escabeche (isquabec), las albóndigas y las berenjenas con queso, que hicieron escribir a Baltasar del Alcázar:
Tres cosas me tienen preso,
de amores mi corazón,
la Bella Inés, el jamón,
y berenjenas con queso
De los muchos nuevos alimentos que los conquistadores trajeron a España, hablaremos sucintamente de la papa, el tomate y el cacao.
Las papas (patatas) fueron traídas del Perú, donde se cultivaban desde hacía 6.000 años. Los indígenas americanos las consumían deshidratadas para asegurar su conservación. Durante muchos años no tienen éxito alguno en Europa, por considerárselas tóxicas, lo que en parte era cierto ya que se han detectado en ellas más de 2.000 productos de diversa toxicidad, aunque en muy pequeña proporción y muy termolábiles. Tras realizar unas pruebas de toxicidad algo "sui generis", administrando patatas en un hospital de incurables ("(De todos modos se van a morir!"), se empezaron a consumir en Andalucía, a finales del siglo XVI. Uno de los primeros que se dieron cuenta de su potencial alimenticio fue el farmacéutico militar francés Parmentier, quien regaló a la Reina María Antonieta unas flores de papas, que la soberana, complacida, colocó en su pecho. Al verlo, Parmentier exclamó "(Acabo de terminar con el hambre en Francia!". Pero fue el Rey Luis XVI quien tuvo que convencer a su propio pueblo de su consumo. Para ello, puso en marcha un ingenioso ardid psicológico que le dio excelentes resultados. Hizo sembrar una gran extensión con papas, poniendo por el día una numerosa guardia en el campo y prohibiendo acercarse a cualquier paisano. Pero por la noche retiraba la guardia y los campesinos se llevaban lo que pensaban era un producto de gran valor.
La inclusión de la papa, rica en vitamina C, en la dieta de los marinos acabó definitivamente con el escorbuto, temible enfermedad carencial denominada "Peste de las naos", "Peste del mar" o "Mal de Loanda". Su nombre proviene del holandés "scorbech", que significa "úlceras en la boca"
El tomate era silvestre en Perú y Bolivia a la llegada de Pizarro, quien lo trajo a España, aunque los aztecas ya lo cultivaban en la época precolombina. Su nombre proviene del quechua Tomatl. Al principio se cultiva sólo como adorno. No se consumía por miedo, por tener la planta un aspecto similar a otras plantas tóxicas, que contienen elevadas cantidades de belladona. Se le asocia con drogas y brujería, hasta el punto que se dice que algunos médicos dormían a sus pacientes poniéndoles un tomate en la mano, curiosa afirmación que dejaría en brazos de Morfeo a verduleros, cocineros y amas de casa. Pasa casi un siglo hasta el inicio de su consumo. Son los italianos los primeros en utilizarlos como alimento, denominándole "manzana de oro" (pomo d'oro= pomodoro).
Uno de los platos, más genuinamente español, basado en el tomate es nuestro entrañable gazpacho. Las tropas napoleónicas, cuando llegaron a Andalucía, quedaron sorprendidas al comprobar que los braceros trabajaban de sol a sol ingestando por todo alimento una "sopa fría y roja" dos veces al día. Esta maravillosa mezcla ha tenido, como todo producto excelso, sus detractores, entre los que destaca Teófilo Gautier, quien tras visitar España y ver (y seguro no probar) este manjar, dice: "Hasta los perros bien educados rehusarían meter allí su hocico". El se lo perdió.
Hace bien poco ha caído en nuestras manos una curiosa receta rimada, de origen popular, para preparar gazpacho, que reza así:
Se machacan de un ajo, cuatro dientes
con sal, miga de pan, huevos y tomate
y en aceite de oliva bien se bate
majado con los ritmos convenientes
Se junta el agua con los ingredientes
para que así, la masa se dilate
y se echan al conjunto, por remate
chorrillos de vinagre intermitentes
Cuando quede diluida bien la pasta
afile el colador su noble casta
y para guarnecer plato tan fino
démosle ya su peculiar acento
echándole trocitos de pimiento
de cebolla, de pan y de pepino
El cacao (cacap), de origen azteca se utilizaba como moneda en la época precolombina. El chocolate (del maya txocoatl) ha sido considerado, junto con la hidromiel y la ambrosía, como bebida divina, hasta el punto de que Linneo denomina al árbol de cacao Theobroma (alimento de dioses). La ingestión de chocolate en España pronto se convierte en un vicio, hasta el punto que Quevedo afirma que: "El tabaco y el chocolate son la venganza de las Indias contra España". Durante la colonización española de México, las acaudaladas esposas e hijas de los colonos acostumbraban a tomar el chocolate durante la Misa. Así, el Obispo de la región de Chiapas, Bernardo de Salazar, prohibió consumir ningún alimento, especialmente chocolate, en el templo, dictando incluso una orden por la que las feligresas sólo podían llevar a la Iglesia "El misal, el rosario y la ropa que llevasen encima". Como respuesta, las golosas fieles dejaron de ir a oír Misa a la Catedral, desplazándose a pequeñas iglesias rurales donde se hacía la vista gorda ante la orden del Obispo.
Cuenta una curiosa anécdota que una marquesa francesa atribuyó a la gran cantidad de chocolate que solía consumir el hecho de que diera a luz un hijo negro. Investigaciones posteriores desmintieron esta aseveración y declararon causante de la anomalía a un cariñoso criado de color. Uno de los más enfervorizados defensores del chocolate fue el gastrónomo, Brillat-Savarin, quien dedica estos versos a tan apreciada bebida:
Oh, divino chocolate
que arrodillados te muelen
manos plegadas te baten
y ojos al cielo te beben
La popularización de los alimentos americanos (patatas, pimientos, alubias y tomates) alivia en parte la miseria de las clases desfavorecidas, apareciendo así la nunca bien ponderada "Olla podrida, alimento de los españoles durante siglos. La Olla podrida (el adjetivo no indica podredumbre sino poderío= olla poderida) era un pote puesto al fuego donde se echaba todo lo que había a mano (papas, verduras, legumbres, tocino, embutidos, carnes variadas, despojos, etc), con especias, sal y agua, cociéndose durante días. Una de las ventajas de la "olla poderida o podrida" era la facilidad de su preparación, algo que algunos critican porque libera a la mujer de sus cargas laborales, ya que "se hace sola": "Puesta la olla y espumada, cuida de ella Santa Ana". Iriarte acusa a las amas de casa de indolentes:
La olla nunca fastidia
pero causa admiración
que se deba su invención
no al Arte, sí a la Desidia
Algunos dicen que esta olla proviene del pot au feu, traído a España de Francia por Ana de Austria, esposa de Luis XIII. La olla podrida, afrancesada, es el pot-pourrit y, como es mezcla de muchas cosas, esta palabra se ha españolizado en "popurrí".
Con la llegada a España de Carlos I, la influencia alemana se hace sentir en nuestro país. Infatigable "gourmand", murió aquejado de la enfermedad de los tragones: la gota (Se cura la gota, tapado la boca). El Emperador reabrió en España el gusto por la cerveza, cuyo nombre procede de la diosa de la agricultura Ceres (cerevisia). Existe una leyenda que atribuye a Gambrinus la fabricación de la primera cerveza en Flandes y en los Países Germánicos. Este Gambrinus era en realidad el Príncipe Juan I de Flandes (Jan Primus ---6 Gambrinus), hombre orondo y rubicundo, símbolo de una conocida marca de cerveza española, del que la leyenda dice que vivió más de 300 años ingestando, como casi único alimento, enormes cantidades de la rubia bebida.
El patrón de los cerveceros es San Arnaulfo (y no San Miguel, como muchos creen), santo que redujo la incidencia de una epidemia de cólera en Francia mediante la recomendación de sustituir, como bebida, el agua por la cerveza que, al fabricarse con agua hervida, estaba higienizada. En el siglo XI se añade por primera vez el lúpulo a la cerveza en un convento fundado por Santa Hildegarda. Durante siglos se mantiene el secreto del cultivo de esta planta, que sólo puede encontrarse en algunos monasterios, ya que su producción extra-monacal se castigó, durante largos períodos de tiempo, con pena de excomunión.La alimentación en el Siglo de Oro puede quedar resumida, en el inicio del Quijote, en donde se describe el cotidiano condumio del ingenioso hidalgo: Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes y algún palomino de añadidura los domingos...
Nuestros antepasados del XVII preferían el carnero al vacuno y al porcino y, al tener un precio más elevado, las clases populares ponían más vaca que carnero. El salpicón no era, ni mucho menos, el delicioso revoltillo de pescado y marisco que es hoy en día. Se trataba de una mezcla de tocino de jamón, carne picada de vaca, sal, aceite, vinagre, cebolla y pimienta.
Un verso popular cita el salpicón para indicar que todo, hasta lo mejor, si es muy prolongado, cansa.
Y si te doy que cada día
comas perdiz y capón
desearás un salpicón
de cebolla y carne de vaca fría
Y ya que hablamos de perdices, debemos hacer mención a la Faisandegue, costumbre de los más finos "gourmets" que dejan la caza oreando más tiempo del necesario hasta conseguir un ligero y, para ellos delicioso, grado de putrefacción "El conejo y la perdiz, han de dar en la nariz"
¿Qué son duelos y quebrantos?. La creencia más aceptada es que se trata de los deliciosos huevos con torreznos, aunque este plato ya tiene un nombre muy apropiado (Merced de Dios). Posiblemente, esta creencia se debe a que Pedro Calderón de la Barca, escribe "Huevos y torreznos bastan / que son duelos y quebrantos", aunque Lope de Vega parece contradecirle al decir: "Almorzando unos torreznos/ con sus duelos y quebrantos"
En tiempos de Felipe II, reaparece la miseria. Las guerras contra luteranos y turcos arruinan España. Entonces aparecen las llamadas "ejecutorias de nobleza", que consistían simplemente en la venta, por parte del Rey, de títulos nobiliarios. Como los nobles no deben trabajar "trabajo de manos, trabajo de villanos", se crea un grupo relativamente numeroso de indigentes, que tienen que aparentar, por su título, una gran riqueza. Aparece, entonces, la picaresca alimentaria.
Don Diego de Cazalilla, conocido como Tristán, acostumbraba a pasear con un palillo rebuscándose entre los dientes tras haber comido, con suerte, un mendrugo de pan. Pero este ardid no engañaba a sus convecinos, que le dedicaron este hiriente poema:
Tu piensas que nos desmientes
con el palillo pulido
con que, sin haber comido
Tristán, te limpias los dientes
Otros llenan la casa de huesos, que roban en los mercados, para envidia de los que les visitan. Según Quevedo, "comen puerros y representan capón". Fray Francisco de Osuna habla de los que "van por fuera bien vestidos y ayunan, no por devoción sino por falta de comida". A propósito de estos fervores religiosos, se dice que el Duque de Almansa, noble venido a menos, comulgaba muy a menudo para llevarse algo al estómago.
La Pícara Justina recomienda: "Al gallo llamarle capón, al pato, pavo, al gato, liebre, a la carpa, trucha, al grajo, palomino...". La literatura popular ha creado un buen número de sátiras en prosa o verso, ridiculizando a estos pobres nobles hambrientos:
Los señores, ya tú sabes
que apenas dejan los huesos
las noches que cenan aves
ó
Juan a comer convidó
a Pedro, que fue en ayunas
y poniéndole aceitunas
al principio, lo admiró
Y dijo: En mi tierra vi
que éstas siempre postre fueron
Juan respondió: No mintieron
que también lo son aquí
El Hambre, con mayúsculas, ha sido la tónica para la inmensa mayoría de los españoles hasta la segunda mitad del Siglo XX. (Con harina cualquiera amasa, sin harina todo es mohina). Decía Alejandro Dumas: "En España el asado lo encontraréis en todos los libros de cocina pero no en cocina alguna". En las capitales se comen, con suerte, perros y gatos. Se vendían unos baratos y preocupantes pasteles de carne que muchos pensaban que podrían contener las chichas del último ahorcado, hasta el punto de que los comensales solían rezar un responso al pastel antes de atacarlo.
Respecto a la conocida "costumbre" de dar "gato por liebre" (o por extensión, el felino en vez de cabrito), era común que los comensales, ante un plato del suculento manjar y antes de su ingestión, recitaran el conjuro: "Si eres cabrito, mantente frito y, si eres gato, salta del plato", quedando unos minutos expectantes ante los trozos de asado. No creemos que este sistema de control alimentario diera resultado en caso alguno.
En Madrid se unen las cocinas de todas las regiones. La pobreza aguza el ingenio y se dan nombres rimbombantes a las malas comidas: Tripas= gallinejas, Patatas asadas= chuletas de huerta, Pimientos fritos= perdices de huerta, Bacalao salado= soldaditos de Pavía, Lechugas= perdices, Guiso de lengua de vaca y sesos= idiomas y talentos, etc.
Pero posiblemente, la Guerra Civil Española y los primeros años de la posguerra hayan sido unas de las etapas más duras, en términos alimenticios, de nuestra Historia. Tras el estallido de la contienda, algunos ricos, que quedan en zona Republicana y pueden salvar su vida, pasan, por primera vez, hambre. Los pobres, por su parte, saquean los almacenes y comen, al principio, sin mesura pero luego, al no ser renovados, el hambre es aún peor: "Mande Pedro o Mande Juan, Perico no cata el pan".
El pueblo agudiza el ingenio para poder comer. Aparece, como ejemplo más típico, la tortilla de papas sin papas y sin huevo: Como papas se emplea la capa interna blanca de las naranjas, convenientemente remojada, y el huevo se suple con una masa a base de un poco de aceite, harina, agua, sal, bicarbonato y colorante amarillo.
Las lentejas, si las había, eran alimento cotidiano y único de los españoles; "Estas son lentejas, si quieres las tomas y si no las dejas". Como dato aclarativo diremos que en el Madrid de la contienda, entraban diariamente 200.000 litros de leche y se consumían 400.000. Un rápido cálculo matemático nos lleva a una proporción "bautismal" de 50 %.
En 1.942, se alcanza hasta un 35 % de mortalidad infantil en algunas regiones deprimidas. Un gran número de enfermedades se ceban en los mal nutridos españoles. Los médicos recomendaban a la legión de tísicos de la posguerra "Tranquilidad y buenos alimentos". La segunda parte de la receta no solía ser atendida por el enfermo, y no por falta de ganas. El jamón no era entonces alimento, sino medicina "Cuando un pobre come jamón, o está malo el jamón o está malo el pobre".
A partir de los cruciales años 60, proliferan los restaurantes. Parece ser que el nombre de "Restaurante" se debe a un tal Boulanger, que abre un establecimiento de comidas en París, con un enorme reclamo en latín, sobre la puerta, que animaba así a entrar a los clientes:
Venite ad me, omnes qui stomadnus laboratis et ego vos restaurabo
Se populariza la comida social. Poco a poco, las buenas maneras en el comer se van extendiendo a todas las clases sociales. Ha caído en nuestras manos un manual rimado de buenas costumbres, que explica:
Ni con la boca beber ni sorber
ni roer hueso con mucho apecho
ni beber con los ojos puestos en el techo
ni soplar lo que se ha de comer
ni bebiendo, "glo-glo" hacer
en el paladar, y saber pedir
y cosas de asco nunca decir
Con los restaurantes empiezan a proliferar los bares con tapas y pinchos. Diremos, como anécdota, que el origen de la "tapa" se remonta al siglo XVII: Para evitar la caída de moscas en el vaso de vino solicitado en la tasca, los posaderos colocaban un plato sobre él. Algún avispado hostelero sustituyó, como tapa, el plato por una rodaja de embutido bien salado que, al ser consumida por el cliente, le daba sed y así pedía más vino.
A mediados de los 60, sube mucho el nivel de vida aunque la calidad de la comida no crece tanto, en detrimento de la lavadora, la nevera y el Fiat 600. Es la época del "Avecrem". A partir de entonces, aparecen los congelados, precocinados, transgénicos, telecomidas, burguers, etc. Se crean dos especies antagónicas: Los que engullen comida basura en los establecimientos despersonalizados de origen americano y los que pretenden ser snobs, que nunca antes habían comido caliente, y ahora tragan estupideces a precio de oro (nouvelle cuisine) y que, olvidando el vino peleón a morro que era habitual en ellos hace pocos años, exigen, con pose de muy entendidos, y normalmente protegidos por una Visa Oro, de procedencia extra-familiar, un vino francés, con acento ininteligible para el sufrido "somelier", de una rara añada, datos que le han costado aprenderse, al pobre, varias horas en la soledad de su dormitorio.
Pero, pese a la invasión culinaria extranjera, a la Nouvelle Cuisine y a esos pobrecitos, se mantiene, afortunadamente, la excelente comida tradicional española, aunque con dos nuevas limitaciones: La línea y el colesterol. Antes, estar gordo era signo de salud y poder (Recordemos el anuncio del "antes" y "después" del chocolate Matías López). Ahora, es estar delgado lo que importa. Pero aún quedan (o quedamos) algunos que sacrifican la apariencia externa en aras de un humeante plato de pote asturiano.
Sacado de:
http://bonprofitbcn.blogspot.com/2007_0 ... chive.html-------------------------------------------------------
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"Madre que no cría, no es madre, sino tía". Refrán.
"Pobreza no es vileza". Refrán
"A gloria me sabe el vino que viene de blanca mano y en un cristalito fino".
Refrán.
"Bebe para olvidar, pero no te olvides de pagar". Refrán.
"Riñen los amantes y quiéranse más que antes". Proverbio.
"El amor, de asnos hace sabios, y de sabios hace asnos". Aforismo.
"Comamos y amemos, y no nos engañemos". Aforismo.
"Sacar las cosas de quicio no se hace sin perjuicio". Aforismo.
"La vida es una enfermedad de transmisión sexual". Grafiti.
"Nadie se mira su moco, pero sí el que le cuelga a otro". Aforismo.
"No hay tonto para su provecho". Aforismo.
"Dios nos envía los alimentos y el demonio los cocineros". Aforismo.
"Una mentira bien echada, vale mucho y no cuesta nada". Proverbio.
"A nadie le preocupa o entiende lo que hacen las otras personas".
Ley del individuo.
"Cuando todo lo demás fracase, intente lo que le sugirió el jefe".
Ley de Strano.
"El hábito es una camisa de hierro". Proverbio checo.
"Todo se encuentra en el último lugar donde buscamos". Ley de Boob.
http://www.newsgrupos.com/es-humanidade ... ismes.html-------------------------------------------
Saludos